domingo, 7 de septiembre de 2025

LO QUE ME CUENTAN LAS OLAS.

Voy y vengo,

nunca ceso,

trabado al tiempo no me detengo,

tampoco espero.

 

     Detrás de mí hay un pacífico mar

en cuyo sosegado fondo

monstruos escriben increíbles historias.

 

      Mi impertinencia es inconmensurable,

alrededor se ciñen todos a mi vaivén,

de enigmas y perpetuas carcajadas.

 

     Veo al altanero e irrespetuoso marino.

Cuánto me río de su inocencia.

¡Ay… si supiera!

 

     No necesito zarandear con fuerza

a quien adornado de feas verdades

pretende compartir su botín.

 

     Más de uno ha sucumbido

ante mi paciente y silencioso bamboleo,

sus mismas fábulas y terquedad

lo hunden al abismo.

 

     He de luchar toda mi vida

por el gusto de mostrar continuo

mi dócil rostro que nunca será el mismo.

 

      Hay quien dice ser mi amigo

y me pregunta sobre cosas:

de la sublimidad,

de su hastío,

luego se va sin escucharme.

 

     Demasiado tiempo

abarcando la inmensidad del espíritu

hacen que muera por hambre de espera.

 

     Mi felicidad trasciende la calma,

al no despreciar mi amada orilla

que eterna me espera. 




Autor

Antonio Carlos Izaguerri 

CAMINOS DE LIBERTAD.

En el laberinto de mi alma,

Busco caminos de libertad,

Donde escape de la parvada que me duele,

Lejos de la jaula que me encierra y me consume.

 

He picoteado alpiste seco y sin sabor,

Y he pasado hambre en el nido sin amor,

He sufrido el desdén y la indiferencia mortal,

Y he visto mis plumas caer sin brillo, sin vida, sin calor.

 

La soledad es mi compañera fiel,

La melancolía es mi sombra cruel,

Y el hambre es mi constante dolor,

En este nido que no es mi hogar, un lugar sin amor.

 

Pero en medio de la desolación y la pena,

He encontrado un grano que me sostiene,

Un sueño de escapar de la prisión que me condena,

Volar hacia la libertad, hacia un cielo sin cadena.

 

Sueño con volar hacia la felicidad,

Donde el cielo sea mi santuario de paz,

Y pueda picotear con otra ave,

Las semillas más dulces y frescas de un jardín sin pesar.

 

Quiero dejar atrás el nido ajeno y frío,

Y construir mi propio refugio, mi nido de amor y abrigo,

Donde pueda vivir sin miedo ni dolor,

Y mi canto sea el que llene el aire de melodías de amor.

 

En mi nido, quiero encontrar,

La calidez y la protección que busco sin cesar,

Con mi ave compañera volar hacia el cielo,

Y dejar atrás las sombras del pasado, el dolor y el desconsuelo.




Autor 

Antonio Carlos Izaguerri.