Vengo saliendo de la caverna,
donde una esencia con sabor a tierra me define.
Transcurro en el tiempo y asumo lo que soy:
un aspirante a poeta,
sin talento doctrinario ni formación literaria.
Escribo con la sangre de mis venas,
recopilando signos que captan mis sentidos.
Tengo los verbos pendientes en la garganta
y un miedo por los cánones modernos, digitales, novedosos
que, revisados y ordenados por la máquina universal,
quieren minar mi poesía.
Siento que mis versos no están alineados
con la “preciosura” que me propone
en sus respuestas rápidas, coherentes, fluidas, geniales;
que las intenciones lógicas de aquellos algoritmos
no van bien con mi desorden gramatical,
que se traspone asumiendo
que mi corazón habita un lenguaje sombrío
y la manía de una poesía
que busca los verbos del submundo
para intentar conocer el alma…
Muchas veces, mis versos son disparatados,
inentendibles cuestionamientos,
llenos de ripios,
sin la música adecuada;
y, en vez de clarificar imágenes,
manchan las distancias con incertidumbres.
Mi voz está marcada por el destino poético,
que aspira a llegar allí
donde los paisajes subsisten sin lógicas,
y sin los versos empaquetados
que corrige la inteligencia artificial…
Autor
Antonio Carlos Izaguerri.
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