Linda mujer, disculpe mi piropos,
la tarde está como usted que merece
escribirle una prosita que sepa amor
y cariño y su solo mirar me sabe
a ternura, hasta su caminar es como
una suave ola del mar donde me
imagino navegando en un océano de amor,
ese pensamiento quedará plasmado
por siempre en mi tierno corazón.
Y cuando la noche derrame
sus estrellas sobre el silencio,
pensaré en su sonrisa clara
como un faro alumbrando mis sueños.
Tal vez el viento le susurre
estas palabras nacidas del alma,
porque hasta el aire se vuelve música
cuando usted pasa tan calma.
Permita que mis versos sean el viento
que sople suavemente en su ventana,
para decirle al alba, en la mañana,
que usted es mi más dulce pensamiento.
No hay faro que me guíe en esta calma,
ni puerto más seguro en mi destino,
que el trazo de su andar en mi camino
y el brillo de su luz sobre mi alma.
Déjeme ser el náufrago dichoso
que encuentre en su sonrisa la marea,
y que en sus ojos limpios hoy posea
un cielo eternamente silencioso.
Y si la lluvia besa los cristales,
mi voz irá temblando entre la brisa,
buscando la tibieza de su risa
como buscan los mares sus canales.
Porque en usted la tarde se hace eterna,
y hasta la luna inclina su hermosura;
hay una dulce y mística ternura
que vuelve clara la penumbra interna.
Así mi corazón, humilde y lento,
seguirá navegando su mirada,
como una vieja barca enamorada
que encontró para siempre su firmamento.
Piropear con elegancia a la Mujer!
Para mi, màs que un placer es un deber
Por eso yo que soy de vieja escuela
De mi hermosa patria Venezuela
Regalo a las Mujeres! bellas flores
Recuerdos tengo yo de mil amores
Bailando muy sabroso los joropos
Disfrutando los màs bellos piropos.
Henry Alejandro Morales
El elegante del Amor!
Para que tanto piropo,
si viento soy que te envuelve
y tu hermoso andar sostiene
No necesitas mi acoso
Salvador Santoyo Sánchez.
Mujer, enigma eterno, universo en constante expansión,
tus ojos son dos luceros que iluminan mi corazón y mi razón.
Tu sonrisa, un amanecer que disipa toda sombra y desazón,
tu voz, una melodía suave que acaricia mi alma, sin condición.
Tus manos, caricias cálidas que sanan mis heridas más profundas,
tu cuerpo, templo sagrado donde la vida se crea y se funda.
Tu espíritu, fuerza indomable que desafía los límites y las fronteras,
tu inteligencia, un faro que guía a la humanidad hacia nuevas eras.
Eres la madre, la hermana, la amiga, la amante, la compañera,
la musa inspiradora, la guerrera que lucha y persevera.
Eres la sensibilidad, la intuición, la ternura, la compasión,
la sabiduría ancestral, la conexión con la creación sin dilación.
Tu belleza trasciende lo físico, lo efímero y lo superficial,
es la luz que emana de tu interior, la esencia de tu ser inmortal.
Eres la fuerza que impulsa al mundo hacia adelante, sin dudar,
la esperanza que renace en cada amanecer, sin nunca claudicar.
Mujer, te celebro en cada verso, en cada palabra que te dedico,
reconociendo tu valor, tu grandeza, tu poderío auténtico y mítico.
Que este canto sea un homenaje a tu ser, a tu esencia divina,
y un recordatorio de que eres amada, respetada y valorada, hoy y siempre, sin que nada se defina.
Una disculpa pero me he visto
En sus ojos
Que si he podido decirle un piropo
Le diría que mira como las estrellas
Que me veo imaginando
Que hay no solo un océano
Sino una galaxia
A la que deseo alcanzar
Y que quisiera que estuviera
En este simple mortal
Sintiendo tan cercano
Y tan acogedora presencia...
Morena de luna llena,
canela de amanecer,
cuando pasas por la acera
se detiene hasta el café.
Tienes tumbao’ de reina
y un mirar de carnaval;
si sonríes en la esquina
baila entera la ciudad.
Ay, muchacha quisqueyana,
flor de azúcar y de sol,
tu cintura tiene el ritmo
de una bachata de amor.
Con ese andar tan sabroso
y ese acento de palmar,
hasta el viento se enamora
cuando te oye conversar.
Estimados poetas que plasman sus letras,
a tan bellas musas con quien cada uno cuenta,
deleitan con sus acordes el oído de la aurora.
Melodía para el alma que eleva el autoestima,
al mirarnos al espejo y confirmar que la mujer
siempre es bella; y que el físico e interior
por su propia luz y apariencia brillan.
Henchida la piel de tan grandes halagos,
sale de mi cuenco erguido un gran agradecimiento
por tan magnífica balada que llevaré en mi pecho.
Tu me inspiras hermosa mujer
a decirte los mas lindos piropos
Es tan inmenso este tierno querer
que lo comparo con flores de heliotropo
Te llevo dentro de mi pecho
y jamás vas a salir de allí
A ti te otorgo todo derecho
para que me quieras solo a mi
Nunca voy a olvidarme de tu amor,
con fe y esperanza este cariño arropo
Yo te prometo que jamás te causaré dolor,
de mi solo recibirás los mas lindos piropos
Mujer... tu eres el piropo
Tus pasos tejen alfombras donde camino despacio,
tu risa crea jardines que perfuman mi universo,
cada gesto tuyo escribe el más hermoso de mis versos,
eres el libro que leo y no termino, gracias a los embelesos,
y en tu voz hallo el refugio que no encontré en ningún palacio.
Tu nombre sabe a promesa y ante ella me confieso,
contigo el tiempo se vuelve cómplice de mi delirio,
en tus manos he encontrado mi sazón y mi embeleso,
eres la razón por la que late este corazón de lirio,
mujer, eres milagro inmerecido, lo confieso.
Tu piel convoca y el deseo despierta mi locura,
cada curva de tu cuerpo es de seda que me quema,
eres el fuego y la sed, la respuesta y el dilema,
tu cintura la frontera donde pierdo la cordura,
y en tu boca está el pecado de tu alma tan pura.
Mujer halagada, tu sonrisa delata el placer
de escuchar tan apropiadas palabras;
dulce mujer de sentimientos nobles
este hombre merece tus mejores dotes.
Acepta segura y orgullosa este canto,
camina altanera por la sendera,
y que tu perfección sea la humildad
hacia quien te lo expresa.
Ella escuchó, bajando la mirada
los dulces piropos del cantor;
y una rosa de rubor callada
le floreció temblando en el color.
Quiso esconder la risa entre las manos,
mas la traicionó su corazón;
pues aquellos halagos tan galanos
le dejaron música y temblor.
Y al alejarse el noble caballero,
quedó la dama, quieta en el balcón,
guardando entre sus sueños el lucero
de aquella breve y dulce admiración.
Un piropo suena bonito
cuando se le dice a una
mujer con galantería.
Basta una sola palabra,
una frase, o un gesto
para sentirse
halagada, atractiva
y regala una sonrisa.
Me llegó tu piropo con el viento,
una ráfaga suave y delicada,
que estremece la piel y el pensamiento
en la tarde que cae silenciada.
Siento el tierno rubor en mis mejillas
al leer el romance que has brindado,
mientras muevo las páginas sencillas
admirando el piropo en el verso dado.
Penetró en los adentros de mi alma
esa prosa sutil con que me nombras,
devolviendo la música y la calma donde
antes el tiempo eran sombras.
Agradezco el halago, caballero,
las palabras de afecto y de nobleza,
que han dejado pintado un lucero
en el alma que el arte despereza.
Mujer ... solo el hecho de serlo ya es un piropo que Dios dio al mundo, somos la parte hermosa de la realidad confusa y difícil de este presente; solo ser una mujer y amar esta vida desde ese ángulo de la calma, el oscuro, el amor que hay dentro de todas y cada una es un piropo para los señores que comparten la vida con una.
Ser mujer da tanta belleza y satisfacción a la vida que se sabe que Dios se esmeró en nuestra creación después del hombre porque necesitaba más tiempo en pulir lo que hasta ahora había sido un ser humano.
Dios y sus piropos, somos las mujeres en el mundo para dar y compartir amor y vida.
Mujer, compañía y pilar fundamental eres
Amor floral que los piropos riegan tu faz
Uno no es suficiente, mil no son escasos
Ramos de rosas azules, rojas o blancas.
Obvio, el secreto tiene su importancia, símbolo del amor mero,pleno...
Gracias,a los viejos tiempos al viento,
Tú risa y ojos son mi alimento y mi luz
Alojo, en el cobijo del amor,alma de aula
Canción es musa de piropos y pitiminis
Icaro sutil al astro rey por su doncella
Acaro de mi alfombra roja estalla
Su alba ilumina el timón de mi barca..
Primor,de belleza ignata, eclesiástica ir
O venir, apreciar a esta mujer zafiro
Razón elemental de mi piropo Valentino..
La gema es de mi cortejo tus labios es
Ardor en brasas a mis brazos cual fuego
Ingenio, o sabio mago poema del misterio
Nacion Santa a una santa mujer como Eva
Voy hacer sincero,bruto y errante soy
Idioma de idiotas diosas del amor fugas
Tanto así porque eliminé la costilla
Amargue tu manzana,fruto prohibido vid
Cariño mío el cielo no se ganan por obra
Inmortal condena,como túnel prohibido lia
Oda mia,y honor a la verdad aunque duela.
Nunca pierdas tu cielo por un piropo y la cabeza por una mujer cualquiera...
Una disculpa pero me he visto
En sus ojos
Que si he podido decirle un piropo
Le diría que mira como las estrellas
Que me veo imaginando
Que hay no solo un océano
Sino una galaxia
A la que deseo alcanzar
Y que quisiera que estuviera
En este simple mortal
Sintiendo tan cercano
Y tan acogedora presencia...
Quiero decirle piropos,
Sacados del corazón
o alguna prosa de amor
que hable de sus lindos ojos;
usted lo merece todo:
el cariño que me dio
me ilumina como un sol
y me inspira si estoy solo:
Su andar es como de diosa:
Una elegante princesa,
Inmensa ola de placer;
Es usted como una gota
De aquel manantial de gemas:
Que enciende toda mi piel…
Pobre pescador soy, mas traigo en la red
versos de sal y luna para tu piel,
Linda sirena, perdona mi atrevimiento,
si mi voz tosca osa rozar tu viento.
La tarde se viste como tú mereces,
quieta, dorada, y en calma floreces.
Te escribo una prosita que sabe a mar,
donde el amor se aprende a navegar.
Tu mirar me sabe a ternura y espuma,
tu caminar es ola que el alma perfuma.
Me imagino a la deriva en tu vaivén,
surcando un océano de terciopelo y bien.
Y ese pensamiento, hechizo sin red,
quedará anclado por siempre en mi sed.
Mi tierno corazón, pobre y sin reproche,
te canta solo, bajo esta Luna de noche.
Siempre quise tener alas para volar;
como turpial, por los errantes mares.
Hoy crucé los huertos celestiales, pise los tejados más altos de inalcanzables estrellas. Al besar embelesado. La dulce ambrosía de tus deleitables labios.
Como el mar,
como los peces globo crucificados
en sus propias espinas,
me dirás que ha sido suficiente
la palabra amarga de mi verso
las horas felices en que callan
mis apenados rubores...
Autor
Antonio Carlos Izaguerri